El último cierre fue el 30 de septiembre y dejó 30,6 pips a favor. Desde ese día el canal de alertas solo ha mandado aperturas. Si usted lleva estas dos semanas mirando el canal y preguntándose qué está pasando, esto es lo que está pasando, con los números.
Qué pasó en estos trece días
El algoritmo abrió y no cerró. Eso fue todo.
En el euro contra el dólar pasó de cinco posiciones a doce. En el dólar canadiense pasó de una a cinco. Y las nueve ventas del australiano contra el neozelandés siguen donde estaban desde principios de septiembre.
Desde afuera eso se ve de una sola manera: cada alerta es una posición más y ninguna salida. Desde adentro es exactamente lo que el algoritmo hace cuando el mercado se va en una sola dirección y no mira atrás.
La mitad que ya no se ve
Tres semanas antes, el mismo algoritmo, el mismo canal:
Y antes de esos tres, el 23 de septiembre cerraron dos más del australiano contra el neozelandés, las dos a favor. Cinco cierres seguidos, los cinco en verde, ninguno de más de tres días. Las entradas y las salidas de cada uno están publicadas en el canal el día en que ocurrieron: la resta la puede hacer usted. Un pip es el escalón más pequeño con que se mide el movimiento de una moneda, y es la unidad en la que se cuenta todo en este oficio.
Esa es la cara buena del mismo mecanismo, y fue hace tres semanas. Lo que cambió entre una cosa y la otra no fue el algoritmo: fue el mercado.
Por qué compra euro si el euro lleva un mes cayendo
Esta es la pregunta de fondo, y es la buena.
El algoritmo no adivina para dónde va el precio. Lo que hace es construir un promedio.
Mírelo con dos compras y números redondos. Usted compra a 1,14. El precio baja y compra otra vez a 1,12. Ahora tiene dos, y su promedio es 1,13. Para que la primera compra quede en cero el precio tiene que volver a 1,14. Para que las dos juntas queden en cero, solo tiene que volver a 1,13.
Cada compra nueva baja el punto donde la operación deja de perder. No porque el precio haya mejorado, sino porque el promedio bajó.
Hoy, con doce compras encima, el euro tendría que llegar a 1,13239 para que esa canasta quede en cero. El precio está en 1,11877. Son 136 pips. Si se hubiera quedado quieto con la primera compra, el camino de vuelta sería bastante más largo.
El algoritmo no acierta la dirección. Baja el precio al que la dirección deja de importar.
Y la espera cuesta
Hay una parte que casi nadie cuenta, y conviene contarla aquí.
Cada noche que una posición sigue abierta se paga o se cobra un pequeño interés por tenerla. En esta canasta del euro se paga. En veintiséis noches ese costo lleva sumados unos siete pips de los ciento treinta y seis que hacen falta.
Siete de ciento treinta y seis es poco. Pero no es cero, y crece todas las noches. Por eso una canasta no se puede sostener para siempre, y por eso el algoritmo tiene un tope en vez de tener fe.
Hasta dónde puede llegar esto
La rejilla del 6-17 tiene un tope, y ese tope está escrito desde antes de que se abra la primera posición. No se decide sobre la marcha ni se amplía cuando el mercado aprieta.
Eso es lo que separa una estrategia de una esperanza: saber dónde se acaba. Si la rejilla no tuviera tope, la respuesta a «¿hasta dónde aguanta?» sería «no sé», y esa respuesta no le sirve a nadie.
Por qué el dólar no para
Nada de lo anterior es culpa del euro ni del canadiense. Es del dólar.
Estados Unidos está pagando 5,365 % a quien le preste dinero a diez años. No pagaba tanto desde 2002. Cuando el país más grande del mundo sube lo que paga por el dinero prestado, el dinero del planeta se mueve para allá — y para llegar allá hay que comprar dólares. Esa compra es la que ha empujado al dólar un 2,69 % en veinte días.
Del otro lado está Europa. Francia cerró el segundo trimestre con una deuda del 119 % de todo lo que produce en un año. Lo que paga de intereses ya es su primer gasto del Estado: por delante de educación y por delante de defensa. La diferencia entre lo que paga Francia y lo que paga Alemania por pedir prestado se abrió como no se veía desde 2012.
Un dinero que puede ganar 5,36 % prestándole al gobierno de Estados Unidos no se queda en una moneda cuyo principal país tiene esa cuenta pendiente. Eso es todo lo que está pasando. No hay misterio, y no hay nada roto.
Las dos fechas, y el nivel
Mañana miércoles sale el dato de inflación de Estados Unidos. Es el que le dice al mercado si la Reserva Federal va a tener que seguir apretando.
El 28 de octubre se reúne la Reserva Federal. Hoy nadie espera que mueva la tasa, pero el mercado ya empezó a contar con que el próximo movimiento sea hacia arriba y no hacia abajo. Eso es nuevo, y es lo que sostiene al dólar.
Y un nivel para mirar: 1,1100 en el euro. Ahí pasa su promedio de doscientas semanas, que es la línea que separa una caída fuerte de un cambio de época.
Lo que enseña un mes así
Una estrategia no se conoce en los meses en que todo cierra. Se conoce en los meses en que no cierra nada.
Lo que usted está viendo —aperturas que se acumulan, un promedio que baja escalón por escalón, una cuenta que apenas está usando medio por ciento de su respaldo— es el mecanismo trabajando. No es el mecanismo fallando. Son dos cosas que se parecen desde afuera y no tienen nada que ver por dentro.
Y mientras una posición no se cierre, no hay pérdida ni ganancia: hay precio del día. Lo único que convierte un precio malo en una pérdida es vender ahí.
Si usted está siguiendo las alertas, este es el mes que le enseña más. Abra el gráfico del euro contra el dólar, ponga las entradas que han salido en el canal y mire dónde quedó el promedio. Esa cuenta, hecha con la mano, vale más que cien explicaciones.
Seguimos publicando cada apertura y cada cierre, el mismo día, pasen en verde o en rojo. Cuando esta canasta cierre, el canal lo va a decir con la misma cuenta con que dijo los 30,6 pips del 30 de septiembre.
El ser · para cerrar
Trece días mirando una cuenta que no cierra nada hacen algo que no sale en ningún gráfico: dan ganas de hacer algo. Cerrar, para acabar con la molestia. Meter una posición de más, por fuera del plan. O lo más común de los tres, dejar de mirar.
Las tres salen del mismo sitio, y es un error de lectura: confundir lo incómodo con lo peligroso.
Esto es incómodo. Trece días sin un cierre, un promedio que baja escalón por escalón, un canal que solo manda aperturas. Peligroso sería otra cosa — y lo peligroso siempre tiene un número al lado. Aquí ese número dice que la cuenta está ocupando medio por ciento de su respaldo. Incómodo sí. En peligro no.
La diferencia pesa porque casi nadie la hace. El que confunde las dos cosas se mueve cuando lo único que había que hacer era nada. Y eso no le pasa solo frente a una pantalla: le pasa cuando el negocio lleva tres meses flojos, cuando una conversación en la casa se puso tensa, cuando el proyecto todavía no muestra nada. La incomodidad pide movimiento. El peligro pide decisión. No son lo mismo y no se atienden igual.
La próxima vez que le llegue el impulso de hacer algo —en el mercado o afuera de él—, pregúntese una sola cosa antes de moverse: ¿esto está incómodo o está en peligro? Y respóndase con un número, no con el estómago. Si no tiene el número a la mano, esa es la tarea, y va antes que cualquier decisión.
Quedarse quieto adentro de un plan escrito no es una técnica de trading. Es la práctica de no dejarse arrear por la molestia, con dinero de por medio y en vivo. El que la aprende aquí ya no es la misma persona cuando le toca decidir lo grande.